Tratamiento contra las palabras
A menudo cuando era chica veia en los hombros de las personas una
especie de sombra blanca, lo que no entendía es cual era la relación que
se daba cuando preguntaba por eso con una cachetada que mi madre me
propinaba calladamente sin agua va ni agua viene. Con el tiempo aprendí a
no preguntar nada de nada relacionando lo con el castigo,mejor era
quedarse con la duda contradiciendo eso que los adultos me decían
siempre " si no entiendes algo pregunta" ya que veia que mis dudas
estaban relacionadas directamente con un bollo de parte del que en ese
momento debía explicarme lo que yo tan activamente preguntaba.
Cuando ya grande y habiendo aprendido de tan dulce manera que la
curiosidad era premiada con tanta exageración optaba por investigar mis dudas en el diccionario, adquisición hecha a entre llantos e
hipos ,y que con el tiempo me hizo un callo literalmente en el
espíritu y en el dedo pues me lo pasaba hojeando el mamotreto que
había en casa.
Adquirí un saber de esos que se les llama de diccionario,
por lo que usaba palabras difíciles todo el tiempo. Mis compañeros de
clase en el primario y luego los de la adolescencia no entendían casi de lo que
yo hablaba. Esto me trajo muchos problemas pues creían que me mandaba
la parte hablando "en difícil", pensaban que era una postura de
intelectual y otros simplemente me decían "déjate de joder de hablar en
difícil".
Debo decir que esta manera de ver la vida me hizo un poco
solitaria, escuchaba que la gente grande hablaba mal y usaba
palabras sin saber su significado, yo trataba de explicarles, con lo
cual en la volvía a recibir cacheteadas por insolente y tratar
de brutos a los adultos.También recibía insultos de parte de
los amigos, ellos sentían que yo era una agrandada y los sobraba, nada de
eso estaba en mi espíritu, sin embargo causa y consecuencia fueron
moldeándome desconfiada de las relaciones, y también
del lenguaje, ya que nunca sabia que desapretaría en el otro cuando le
decía algo.
El tiempo pasó y llego el amor, me enamore de un tipo muy bello y rico,
pero el no compartía conmigo el placer por las palabras, al menos no
como yo las veia. A decir verdad a el le gustaba leer revistas, muchas
revistas se apilaban en su casa, sobre todo de automovilismo y de
mujeres, aquello definitivamente no era para mi, di vuelta y me fui por
lo mío.
Un dia,las palabras comenzaron a soñarme. Me descubrí en un sueño de
ellas una noche en duermevela, advertí que me estaba dirigido pues eran
palabras que me pertenecían desde siempre como Argela,
desdén, susceptible o ansias. Ellas soñaban que yo las hacia famosas en
epifanías y las daba al mundo.
Temí que este asunto de las palabras me
había vuelto un poco rara, aunque eso lo sabia por mi madre que siempre
generosamente mostraba que mi manera de ser no era lo que se esperaba de
una señorita, yo era "rara, como encendida" lo menos era "que difícil sos".
Mama llena de prejuicios respecto de mi sin embargo me compraba
libros, aunque creo que el verbo esta equivocado ya que a ella le
gustaba mucho leer y mostrar que tenía muchos libros y si algún hijo se
enganchaba mejor.
Yo me volví obsesiva de los escritores clásicos y devoraba todo, cuando
eso se terminaba seguía con las novelistas que mama leía a escondidas,
las de Corin Tellado, hasta ahora soy una excelente lectora.
Sin embargo
habiendo pasado por la carrera de letras comprobé que no era importante
solo leer, sino también qué leer.
Una anécdota cortita sobre esto, año
74 quizás, cursaba literatura contemporánea, una profesora magnífica,
hermética hasta la duda, como pocas, ella solo interactuaba con los
mejores del curso y los demás la seguíamos como podíamos, yo la adoraba,
me parecía sublime estar con alguien tán difícil y me esforzaba, pero no dejaba
de sentir ese tufillo de la no pertenencia, zozobraba en
cierto mar de ansiedades respecto de mis resultados, pero algo vino a
marcar mi espíritu como las cachetada de mamá a las que ya me había
desacostumbrado.
Analizaríamos en breve el texto del Ulises de Joyce, y ella
recomendaba lecturas previas para poder entender algo de aquel enorme
libro que nos daba pavor, su fama era terrible. Como ocurren las
cosa, en un momento se nombró la lectura del mítico y griego
Ulises, ese que había sido elegido por el destino o los dioses para alejarse de la vida conyugal. Alguien hizo el
comentario de que lo había leído, la profe con su habitual delicadeza
le pregunto ¿que traducción? y la chica muy suelta contesto lo leí en el
Billiken.
Una daga afilada blandió el aire, en un segundo la suerte
estaba echada, nadie oso decir nada pero el destino suele ser
despiadado con algunas equivocaciones, como una secuencia fílmica la
carcajada mas feróz retumbo en la sala.
Esa noche soñé que las palabras me consolaban aunque aquella anécdota no
me pertenecía, su bochorno se había alojado en mi, y aprendí que no
bastaba leer todo sino como leerlo y que leer, algo en mi espíritu se
rompió, no cabía en mi la crueldad ni siquiera frente a un enemigo, en
esa época se empezaba a sentir cierta omnipotencia en el aire,como si
fueran dueños de alguna verdad que solo les perteneciera a algunos, en
lo que a mi respecta comencé a aislarme de los grupos y a estar sola,
esta vez sin que nadie me cacheteara, pero el dolor de cualquiera
funcionaba como muestra de la barbarie humana y no seria parte de
aquello.
Céline al escribir su celebre "Viaje al fin de la noche" entrevee el
dolor y la miseria de la que es capaz el hombre,él fué un exponente al adherir al nazismo, aquel libro me dejo sin
ánimos en su momento, pero como bien saben soy de los que se recomponen
y tengo mucho aguante.
Una variante de lo anterior, 30/04/2012
"Desespero al elegir una palabra,las demás se me ofrecen como putas."
lunes, 30 de abril de 2012
lunes, 16 de abril de 2012
Tratamiento contra las palabras
A menudo, cuando era chica veía en los hombros de las personas una especie de sombra blanca, lo que no entendía es cuál era la relación que se daba cuando preguntaba por eso con una cachetada que mi madre me propinaba calladamente sin agua va ni agua viene. Con el tiempo aprendí a no preguntar nada de eso relacionandolo con el castigo, mejor era quedarse con la duda contradiciendo eso que los adultos me decían siempre " si no entiendes algo pregunta" ya que veía que mis dudas estaban relacionadas directamente con un bollo de parte del que en ese momento debía explicarme lo que yo tan activamente preguntaba.
Cuando ya grande y habiendo aprendido de tan dulce manera que mi curiosidad era premiada con tanta exageración opté por investigar todas mis dudas en el diccionario, costumbre adquirida entre llantos e hipos y que con el tiempo me hizo un callo, literalmente en el espíritu y en el dedo pues me lo pasaba hojeando el mamotreto que había en casa. Adquirí un saber de esos que se les llama de diccionario por lo que usaba palabras difíciles todo el tiempo, mis compañeros de clase primero y luego los de la adolescencia no entendían casi de lo que yo hablaba. Esto me trajo muchos problemas pues creían que yo me mandaba la parte hablando en difícil, otros pensaban que era una postura de intelectual y otros simplemente me decían ¡déjate de joder de hablar en difícil!.
Debo decir que esta manera de ver la vida me hizo un poco solitaria y además me daba cuenta de que la gente hablaba mal y usaba palabras que ni sabía qué significaban, yo trataba de explicarles, con lo cual en la infancia volvía a recibir cachetadas por insolente y tratar de brutos a los adultos ,y cuando ya grande recibía insultos de parte de los amigos que sentían que yo era una agrandada y los sobraba, nada de eso estaba en mi espíritu. Sin embargo causa y consecuencia fueron moldeándome como una solitaria desconfiada de las relaciones y también del lenguaje, ya que nunca sabía que despertaría en el otro cuando le decía algo.
Otro de los problemas que hube de tener se relaciona con los tics, muchas veces en medio de una frase o pregunta ya veía la cara de la otra persona y para no seguir metiendo la pata y ligar un soplamocos, como decía mi madre a aquellos cachetazos, empezaba a hacer unos ruidos con la boca fingiendo un tics y así disimulaba y de paso preocupaba a mi madre vengándome de su censura, ya para aquella 'época yo ya sabía que lo que se castigaba por decir una verdad “era una censura”.Los tics siguieron luego un camino incorrecto ya les contaré.
El tiempo paso y crecí, y llegó el amor, me enamoré de un tipo muy bello y rico, pero él no compartía conmigo el placer por las palabras, al menos no como yo las veía. A decir verdad a él le gustaba leer revistas, muchas revistas se apilaban en su casa, sobre todo de automovilismo, las otras que lo desvelaban eran las de mujeres, esas pude notar que eran comunes al género masculino con lo que no me desvelé con el tema .
Hasta que un día las palabras comenzaron a soñarme. Me descubrí en un sueño de ellas una noche en duermevela y advertí que me estaba dirigido pues eran palabras que me pertenecían desde siempre como argela, suceptible o ansias, ellas soñaban que yo las hacia famosas en epifanías y las daba a conocer al mundo. Temí que todo el asunto de las palabras me había vuelto un poco rara, aunque eso lo sabía por mi madre que siempre generosamente me nostraba que mi manera de ser no era lo que esperaba de una señorita, "yo era rara y como encendida", lo que menos me decía era" que rara sos".
El tiempo paso y crecí, y llegó el amor, me enamoré de un tipo muy bello y rico, pero él no compartía conmigo el placer por las palabras, al menos no como yo las veía. A decir verdad a él le gustaba leer revistas, muchas revistas se apilaban en su casa, sobre todo de automovilismo, las otras que lo desvelaban eran las de mujeres, esas pude notar que eran comunes al género masculino con lo que no me desvelé con el tema .
Hasta que un día las palabras comenzaron a soñarme. Me descubrí en un sueño de ellas una noche en duermevela y advertí que me estaba dirigido pues eran palabras que me pertenecían desde siempre como argela, suceptible o ansias, ellas soñaban que yo las hacia famosas en epifanías y las daba a conocer al mundo. Temí que todo el asunto de las palabras me había vuelto un poco rara, aunque eso lo sabía por mi madre que siempre generosamente me nostraba que mi manera de ser no era lo que esperaba de una señorita, "yo era rara y como encendida", lo que menos me decía era" que rara sos".
Mamá llena de prejuicios respecto de mi comportamiento no se privaba de comprarme libros, aunque el verbo es incorrecto, pués ella los compraba porque le gustaba leer y mostrar que leía.
Con el tiempo me volví obsesiva de los clásicos y leía a toda hora, eclécticamente, sin organización y cuando se terminaban seguía con las novelita de Corin Tellado que mi vieja leía a escondidas...
Texto que seguirá siendo escrito dia a dia. 16/04/2012
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