Hoy he leído un cuento que me ha hecho feliz, es un cuento
lleno de anécdotas de un niño
En una tierra
caliente donde pase mi infancia y que se repite cuantas veces ella quiere o
interfiere con mis pensamientos cuando se le da la gana se repetían historias
que yo escuchaba no sin asombro de niña, porque en esa época yo me hallaba en
un estado de indefinición. Era chica de edad pero grande de pensamientos e
imaginaba todo el tiempo como sería mi vida si no hubiera nacido en ese pueblito
al que me echaban al abandono mis padres.
Cada vez que sentían que el barco estaba demasiado lleno de hijos mandaban uno o dos al pueblito y así emergían
nuevas anécdotas en la familia, o historias sobre la deportación de tal o cual
de los hijos por indefinidas enfermedades que necesitaban de un clima caliente
, unos abuelos por demás de buenos y sencillos hasta la exasperación y una
temporada en el infierno para que de vuelta al hogar recordaran lo que habían
perdido al irse , así conseguían que fueran buenos niños y no sacaran de quicio
a su madre con las burradas cotidianas de infantes caprichosos.
Las historias eran truculentas, siniestras, mansas como el
agua de un lago con algas, serias como los teros o divertidas como los loros, pero las que más
uno recuerda como siempre son las oscuras y malévolas. Mi abuela era especialista en relatos de terror
y se le veía en la cara que disfrutaba
contarlos. Era como si un ojo le creciera demasiado mirando al que escuchaba y
las cejas se le subían hasta el medio de la frente como si preguntara algo y no
le respondieran, la sonrisa se le transformaba( como la del gato de Alicia en
el país de las maravillas) me preguntaba cuál era la gracia , razón por la
cual me quedo para siempre la sensación de ser un poco lela y no entender lo
que se me dice, o de que he llegado demasiado tarde al cuento , pero esto
también me ha ocurrido después cuando ya era más grande y leía muchos libros,
algunos no llegaban a mí y no lograba
entender lo que el autor me decía, en esas circunstancias me acuerdo de la
expresión de la abuela y me quedo tranquila.
Una de las historias eran sobre el loco, durante la noche se
repetían gritos que no me permitían dormir y me quedaba con los ojos pegados al
techo sin verlo ya que todo en el cuarto estaba oscuro. El miedo poderoso gemía
en mí y no me permitía cerrar los párpados.
Figuras recortadas en mi
imaginación se repetían al son de aquellos gritos que nada parecía calmar, yo
me tapaba los oídos hasta que me vencía el sueño y sin control de mi cuerpo me
dejaba llevar por lugares inhóspitos donde el gemido era parte del paisaje y la
vegetación acariciaba mi cara para calmar mi angustia. A la mañana temprano los pájaros habían
reemplazado los gritos y ya nada recordaba de la noche anterior , me dedicaba a
perseguir esos pájaros para ver cómo
eran, que color tenían, si eran grandes o chicos, a veces me aburría el canto
de alguno y dejaba esa tarea para otro dia.
Los que más me
gustaban eran los chillidos de los loros, bochincheros verdes, alborotadores
divertidos, celosos de ellos mismos y curiosos. Jugaban en lo alto del árbol a la entrada al jardín del frente (lo que es un
decir ya que el futuro me tenía deparada la sorpresa de que cuando viera las
fotos de la casa de mi abuela me daría
cuenta de que nada respondía a mis recuerdos engalanados),había un nido de
ramitas y palitos en forma de cono, gritones pero con la idea de la geometría,
allí venían con regularidad a pasar algunas horas, peleaban, salían de
improviso volando como si fueran en una misión y daban una vuelta en círculo
para volver inmediatamente al lugar, los miraba en horas ociosas, aunque de
esas estaba compuesta mi infancia, les tiraba cosas para que me registraran, me
atacaran o lo que fuera y solo lograba su absoluta indiferencia, sin embargo yo
podía ver el rabillo del ojo de algunos de ellos que me miraban con curiosidad,
ojitos redondos bolitas de vidrio
negro con chispas de limón.
A veces cuando yo le
contaba a mi abuela estas cosas me decía ¡cállate!, pareces el loco inventando
historias y entonces de día lo cual era más tremendo aún empezaba a escuchar
los gritos del loco como llamándome.
Un día en que la
siesta meconvocaba para una escapada por sus secretos salí a la calle al frente
de la casa, el calor me envolvía como una frazada, gotitas de sudor bajaban
por la frente donde el flequillo se había mojado, caminando como autómata
di vuelta a la esquina de la casa y me encontré con la calle engrandecida por
la soledad de la hora bajo el sol incandescente, todo se me aparecía blanco
inmaculado como si no existiera el color de repente me encontraba frente a una
casa de paredes pobres con una ventana de rejas sencillas, de ellas pendían coloridos
pescados recortados que bailaban al son del viento norte,espejismos que inmediatamente
atrajeron mi atención y me acerqué con la intención de tocarlos. De golpe un
grito sordo de animal herido sonó detrás de aquellas rejas, el loco me miraba
con ojos negros como pozos de agua donde como un relámpago aparecía una gotita de luz en esa oscuridad.
Asustado por mi comenzó a gritar y mover sus manos larguísimas que parecían
querer atraparme, enseguida vino alguien que yo no veía desde afuera pero
escuché que le decía que se callara o cerraría la ventana y no vería más sus
pescados moviéndose. Corrí con la sensación de haber entrado en el
universo de otro sin pedir permiso, una vergüenza oculta me invadía y fui a mi
cama y me tapé con el cubrecamas.
C.M. 2014
