"Desespero al elegir una palabra,las demás se me ofrecen como putas."

viernes, 23 de mayo de 2014

DE UNIVERSOS BRUTALES



Hoy he leído un cuento que me ha hecho feliz, es un cuento lleno de anécdotas de un niño
En una  tierra caliente donde pase mi infancia y que se repite cuantas veces ella quiere o interfiere con mis pensamientos cuando se le da la gana se repetían historias que yo escuchaba no sin asombro de niña, porque en esa época yo me hallaba en un estado de indefinición. Era chica de edad pero grande de pensamientos e imaginaba todo el tiempo como sería mi vida si no hubiera nacido en ese pueblito al que me echaban  al abandono mis padres. Cada vez que sentían que el barco estaba demasiado lleno de hijos  mandaban uno o dos al pueblito y así emergían nuevas anécdotas en la familia, o historias sobre la deportación de tal o cual de los hijos por indefinidas enfermedades que necesitaban de un clima caliente , unos abuelos por demás de buenos y sencillos hasta la exasperación y una temporada en el infierno para que de vuelta al hogar recordaran lo que habían perdido al irse , así conseguían que fueran buenos niños y no sacaran de quicio a su madre con las burradas cotidianas de infantes caprichosos.
Las historias eran truculentas, siniestras, mansas como el agua de un lago con algas, serias como los teros  o divertidas como los loros, pero las que más uno recuerda como siempre son las oscuras y malévolas.  Mi abuela era especialista en relatos de terror y se le veía en  la cara que disfrutaba contarlos. Era como si un ojo le creciera demasiado mirando al que escuchaba y las cejas se le subían hasta el medio de la frente como si preguntara algo y no le respondieran, la sonrisa se le transformaba( como la del gato de Alicia en el país de las maravillas)   me preguntaba cuál era la gracia , razón por la cual me quedo para siempre la sensación de ser un poco lela y no entender lo que se me dice, o de que he llegado demasiado tarde al cuento , pero esto también me ha ocurrido después cuando ya era más grande y leía muchos libros, algunos no llegaban a  mí y no lograba entender lo que el autor me decía, en esas circunstancias me acuerdo de la expresión de la abuela y me quedo tranquila.
Una de las historias eran sobre el loco, durante la noche se repetían gritos que no me permitían dormir y me quedaba con los ojos pegados al techo sin verlo ya que todo en el cuarto estaba oscuro. El miedo poderoso gemía en mí y no me permitía cerrar los párpados.  Figuras recortadas en  mi imaginación se repetían al son de aquellos gritos que nada parecía calmar, yo me tapaba los oídos hasta que me vencía el sueño y sin control de mi cuerpo me dejaba llevar por lugares inhóspitos donde el gemido era parte del paisaje y la vegetación acariciaba mi cara para calmar mi angustia.  A la mañana temprano los pájaros habían reemplazado los gritos y ya nada recordaba de la noche anterior , me dedicaba a perseguir esos  pájaros para ver cómo eran, que color tenían, si eran grandes o chicos, a veces me aburría el canto de alguno y dejaba esa tarea para otro dia.
 Los que más me gustaban eran los chillidos de los loros, bochincheros verdes, alborotadores divertidos, celosos de ellos mismos y curiosos. Jugaban en lo alto del árbol a  la entrada al jardín del frente (lo que es un decir ya que el futuro me tenía deparada la sorpresa de que cuando viera las fotos de la casa  de mi abuela me daría cuenta de que nada respondía a mis recuerdos engalanados),había un nido de ramitas y palitos en forma de cono, gritones pero con la idea de la geometría, allí venían con regularidad a pasar algunas horas, peleaban, salían de improviso volando como si fueran en una misión y daban una vuelta en círculo para volver inmediatamente al lugar, los miraba en horas ociosas, aunque de esas estaba compuesta mi infancia, les tiraba cosas para que me registraran, me atacaran o lo que fuera y solo lograba su absoluta indiferencia, sin embargo yo podía ver el rabillo del ojo de algunos de ellos que me miraban con curiosidad, ojitos  redondos bolitas de vidrio negro con chispas de limón.
 A veces cuando yo le contaba a mi abuela estas cosas me decía ¡cállate!, pareces el loco inventando historias y entonces de día lo cual era más tremendo aún empezaba a escuchar los gritos del loco como llamándome.
 Un día en que la siesta meconvocaba para una escapada por sus secretos salí a la calle al frente de la casa, el calor me envolvía como una frazada, gotitas de sudor  bajaban por la frente donde el flequillo se había mojado, caminando como autómata di vuelta a la esquina de la casa y me encontré con la calle engrandecida por la soledad de la hora bajo el sol incandescente, todo se me aparecía blanco inmaculado como si no existiera el color de repente me encontraba frente a una casa de paredes pobres con una ventana de rejas sencillas, de ellas pendían coloridos pescados recortados que bailaban al son del viento norte,espejismos que  inmediatamente atrajeron mi atención y me acerqué con la intención de tocarlos. De golpe un grito sordo de animal herido sonó detrás de aquellas rejas, el loco me miraba con ojos negros como pozos de agua donde como un relámpago  aparecía una gotita de luz en esa oscuridad. Asustado por mi comenzó a gritar y mover sus manos larguísimas que parecían querer atraparme, enseguida vino alguien que yo no veía desde afuera pero escuché que le decía que se callara o cerraría la ventana y no vería más sus pescados moviéndose. Corrí con la sensación de haber entrado en el universo de otro sin pedir permiso, una vergüenza oculta me invadía y fui a mi cama y me tapé con el cubrecamas.
C.M. 2014