"Desespero al elegir una palabra,las demás se me ofrecen como putas."

sábado, 16 de noviembre de 2013

Temores


Resiento la poca capacidad que tengo para recordar mis sueños, hipnotizar a alguien, escribir un cuento completo sin derivarme a otros caminos motivados por las palabras.
De hacerme cargo  de mis deseos, tanto que a he olvidado cuales eran,
no tener continuidad en cualquier tarea que me proponga,
 tener pocas ideas,
no ser creativa,
 ser demasiado seria, tener
 miedo al fracaso de mi vida,
estar naturalmente con otros no
creer en los otros lo suficiente para creer en sus palabras,
Ser.
Que mi iPad escriba palabras que yo no he querido escribir.
Estar mas cerca de la locura que de la cordura pero no lo suficiente para ser única, no entender a veces lo que dicen las palabras y sentir extrañeza frente a ellas,
 tener que leer varias veces a algunos escritores y escritos, repetir lecturas porque olvido las tramas o las historias, que la memoria haya trastocado mi mente en  tierra baldía, un agujero negro de recuerdos , un big bang sin creación. 
Mi molicie de perro al sol,
 mi inconsistencia ,
mi celo excesivo ,
 mi costumbre de acopiar cosas que me gustan aun sin valor,
 perder dias escribiendo cosas que quizás no lea nadie, borrándolas del mundo,
mi solvencia sin consistencia,
 mi poca violencia ,
mi resignación innata,
mi búsqueda inútil de compromiso, de paz,
de compartir sin saber como,
 mi sentimiento de desvalimiento,
 mis recuerdos culpables,
el sentido critico que me aísla, mi temor
a llenar el mundo de tonteras sin valor.

Sueños 1

Soñé un sueño cómodo de esos que incitan a seguir soñando, a veces la necesidad de mear a la madrugada me despierta leve, en piloto automático  voy al baño pensado en el sueño para no perder el hilo y poder seguir en él cuando vuelva a la cama.
 Otras veces el mismo sueño despierta la conciencia y enojada intento forzar  la mente, volver al sueño que me amarraba  a imágenes bellas o placenteras y no quiero perder las ideas que sé que no recordare al despertar, pero que deseo recordar.
 Despertar y la sensación de que algo ocurrió en ausencia de esta que soy despierta, agujero negro que se tragó el recuerdo de lo acontecido en ese otro escenario donde yo no soy yo aunque todo lo que hay en mi mente sea yo.

A VECES EN LA MAÑANA

En la mañana del dia despues sin abrir los ojos escuche el canto triste y misterioso del pájaro que todas las mañanas del pasado había escuchado, solo que esta vez no había naturalidad en su canto , intensificaba la tristeza que habitaba mi alma, hechos de puro olvido.
Afuera reflejada en la pared la luz del sol incitaba a la vida, no ganas de salir, pero sentía la luz como promoviendo la vida, recordé el sentimiento de horror que producía  a mi padre moribundo esa luz que provenía de la ventana de su habitación, no dejaba que la abriéramos y ventiláramos  y dejáramos salir la sombra oscura de la noche en vela durante su enfermedad, se oponía enojado a esa intromisión de la vida.
A veces siento lo mismo ante la luz, tan invasora, irrespetuosa, indomeñable ante nuestros intentos de apagarla, se cuela por doquier como el agua, como el aire, es necesario entender que muchas veces no podemos con el Carpe Diem que manda la certeza de los espíritus lucidos, a veces somos ciegos, sordos. Y necios ante la brillantez de a vida, no logra seducirnos con su oropel y promesas y suspendemos  por un rato nuestras convicciones, a veces nos perdemos a nosotros mismos a medida que irreversible el tiempo nos enfrenta con perdidas y alegrías, y no siempre accedemos al entendimiento de la complejidad de estas situaciones y no podemos apropiarnos de ellas para crecer.

La presuncion del adiós II


  5 de julio, Otro viaje
El primer dia: enfrentada a la incertidumbre, ya me he arrepentido de venir, me acobarda la decrepitud de la carne que ya ha comenzado a corroer mis entrañas, las de los otros me enfrenta  con la propia.¿ Que somos sino un pedazo de carne dotada de deseos?, aun late en sus ojos un atisbo de ese deseo que la hiciera suya en el pasado, un amante inolvidable, culpable de todos sus errores, entregada a el con infinita complacencia, hizo de ella lo que quiso, alguien la vio como la veo yo? Para los otros, para cada uno fue otra cosa: innombrable, secreto ,culpable o angelical, urdimos un vinculo incierto a la medida de nuestros deseos, infame si lo decimos, solo vale sentirlo, y sobre el sentimiento construir una fábula que nos identifique aunque nadie, nunca se anoticie  de ello.
Mama muere en cuotas, yo intento asir su aliento, tomar su mano, sentir su calor, morimos como venimos, solos. La veo irse con testigos impotentes, sin compromiso con las miradas que se adhieren a su cuerpo, no hay en ella un compartir, seria quizás horrible, que ella compartiera su muerte conmigo, que yo pudiera ceder a su conciencia o lo que sea que tiene en este momento, puedo sentir que esta conmigo, pero como en un truco de magia desaparece para ver el mas allá a cada momento, ausencia en sus ojos y en su mente, las palabras nada pueden, no escucha, mira un vacío fuera de si donde la espera  algo que quizás ella sepa que es, pero nada puede musitar, ni una canción, ni una palabra, ni un pedido, ni una mirada cómplice,.
Me deja enfrentada con ese cuerpo que es el suyo, lo deja en prenda, por si vuelve, hasta que su corazón quiera, hasta que sus pulmones dejen de agitarse rítmicamente, hasta que su mente cierre definitivamente el acceso con el afuera, ella aun me deja esperando  su retorno, y yo me siento atemporal, de pronto soy su niña pequeña y de pronto soy esta mujer que soy, sin esperanzas, sin dolor solo asombro y deseo que  nada la haga sufrir, que nada pertube su viaje, soy la guardiana de este momentos , quisiera ser Caronte y poder despedirme en la otra orilla, verla partir feliz.

la presuncion del adiós I

Alguien ya está muerto o camina por la delgada línea entre la vida sin conciencia y la muerte, acaso siempre caminamos sobre esa línea y no nos anoticiamos de ello como personajes de una trama llamada vida.
La miro yacer en el de sanatorio, protegida en la camara oscura de su mente ,intento un vano ejercicio de comprender ya no solo mi realidad frente a ella sino frente a mi , el intento de acceder a esa otra realidad en que se halla que resuena dentro de mi.
Hace unos años sustraje a mi madre de su mundo para fotografiarla, ella no advertida de mi acción actuaba sus actos perennes, cada dia  al levantarse ejecutaba rituales, en una realidad paralela observaba su cotideaneidad e intentaba plasmar en el féretro de mi  camara su cuerpo mustio, universo mudo, mis ideas en fotos, ella como" still life "de una realidad móvil era ya una naturaleza muerta.
Queria ser yo - ella para comprender  que musitaba suaves palabras que no eran de esta  lengua.
En su terrible condición las cosas la lastimaban, todas la asustaban, la engañaban de tal manera que desde entonces le aúlla a la muerte esquiva, la mas inocente de las acciones la irritaban , sin libertad mental el desamparo esta consumado

comentario sobre la biografia de A.P


Comencé  a leer los diarios de A. P., que interesantes parece el árbol de la locura, tanta angustia y frustración, por momentos siento pena y en otros que es una farsante que sabia lo que queria y como lograrlo, lo dice en alguno párrafos, entre angustia y angustia , un mar de lamentos, cansa un poco, la neurosis como excusa, de tanta neurosis algo debe ser cierto .
No se em que momento descubrí la intolerancia a la queja, es que si yo quiero algo tan claro  como lo que ella queria debo entender que tiene un costo, no se puede pretender todo, siempre se sacrifican cosas en el camino, aun así también se lográ disfrutar de eso que es el sufrimiento.
Desde el comienzo del libro- vida? Vivió pensando en morir, entre tanto escribió todos los poemas que conocemos, cumplió treinta y seis años, pero dejo certezas de que esa muesca de tiempo no significo nada para ella. Durante todos esos años acabar con su vida fue el motor de todo cuanto viviera y escribiera, le parecía lo mas natural y legitimo para alguien que como ella sentía ajena su propia vida.
No siento pena por ella, fue soberbia, sobre adaptada, queria mas de lo que estaba dispuesta a dar, narcisista, muy buena escribiendo, densa,.


domingo, 18 de agosto de 2013


Porque me resulta extraño que la memoria me traiga de cuando en vez el recuerdo de una historia en un libro de Piglia,es que surge este relato. La anécdota refería a un militar , el coronel Baigorria que cruza la frontera, de que ? me preguntaba, de la civilización hacia la barbarie? y se va a vivir con los indios.
Derivada como soy  he de contar la anécdota de un padre que torturaba a su hijo con la idea de que tenía que leer el libro de Mansilla sobre los Ranqueles, el hijo se negaba y eso bastó para que el padre devenido en torturador pensara toda la vida que su hijo era un haragán, frase que vertía a diario en los oídos de su vástago Por suerte en momento en que el hijo lo contó refirió que nada de aquello había quedado en su espíritu como representación de que la lectura fuera una tortura.
 La historia del coronel era que se había acomodado en un rancho de paja y barro en el medio de la llanura con sus libros. Los indios con los cuales compartía vaya a saber que tipo de similitudes, saqueaban las galeras y poblaciones, en una de esas recorridas un capitanejo le trae el "Facundo " de Sarmiento. El militar deviene famoso a partir de que los escritores lo rescataran del olvido, ya que antes el ya había dejado en sus memorias estas y otras anécdotas por escrito, que sirven para que otros jaqueen la caja de los recuerdos personales a  la menor resonancia.
 Puesta a pensar en este recuerdo  me trajo otro muy lejano en el tiempo ya que mi vida cuenta con los suficientes años como para considerarlo, y este recuerdo refiere ver a mi abuelo allá en el norte de Santa Fe la provincia en que vivíamos.Lo veía  recibir a  los  indios que vivían apartados del pueblo ya que como siempre ha sucedido eran excluidos de la civilización, remitidos a su barbarie como se decia se asentaban en las afueras de poblado que era muy pequeño pero que en aquel entonces, sin embargo contaba con las comodidades como cloacas, luz eléctrica,,etc,  logros debido a que los ingleses pensaban que si sus empleados vivían con comodidades se ahorrarían dinero en enfermedades y quejas inútiles que los distrajeran del trabajo, muy errados no estaban.
Aun hoy la gente de lo que es hoy una ciudad recuerdan aquellos beneficios como algo increíble para la época, uno de los argumentos que se esgrimen a la hora de defender posturas en favor del trabajo de los ingleses  en esos poblados establecidos por ellos.
A mi abuelo los indios lo apreciaban si algo de eso es posible, yo era pequeña pero era testigo de la asiduidad  con que le golpeaban la puerta para pedirle cosas que el trataba de conseguirles, luego ellos volvían con sus bolsas cargadas de obsequios provenientes de su mundo, que yo con mis pocos años consideraba tan diferente del nuestro.
Recuerdo en mi soledad que árboles  e indígenas hacían calle ,el canto de los pájaros y de chicharras hacían acompañamiento a las preguntas que brotaban de mi imaginación, el entorno cargado de olores a frutas maduras y colores, vuelos inquietos de árbol en árbol, aquello era una fiesta plagada de sorpresas y admiración.
  Una vez pude ver una liebre del tamaño de un perro mediano, tan extraña como grande que también hubo de sorprender a mis abuelos.En esa oportunidad la abuela me dejo ver in  sitú el portento, yo siempre atisbaba lo que sucedia escondida detrás de las puertas.
Los indios la habían cazado, la liebre yacía en el piso ,sus largas orejas y sus patas estiradas , dura ,miraba  inexpresivamente nuestra curiosidad, la habían traído viva a diferencia de otras veces en que las traian muertas.  Ellos solían traer animales muy raros que yo no reconocia, así aprendí  tempranamente que se podia comer cola de iguana y  yacare, o esas grandes aves zancudas que veía en el paisaje desolado de mi infancia, mucho antes de que en mi barrio actual lo trajeran como una exquisitez para degustar.
 El animal herido soportaba nuestra curiosidad como esos seres resignados que se refugian en la indiferencia, su mirada expatriada del mundo. Parecía no respirar, así disimulaba su estado . Yo la tocaba con el pie bajo la reprobación de mi abuela que siempre trataba de frustrar mis experiencias , no se movía, quizás su pavor fuera lo suficientemente grande ante los gigantes que la rodeaban y esa niña que curiosa intentaba incentivarla a la acción,  era mas el dolor de verla inerme que la curiosidad, queria, deseaba que se fuera de un salto feroz, asustando a todos. Muchos sentimientos actuales frente a seres inermes me recuerdan a la liebre , al contrario de la frecuente idea del animal en movimiento de huida ante el enemigo.
La abuela  en otro orden de cosas tenia la falsa idea de que si los indios me veían podían llegar a pensar en mi como una cautiva y llevarme lejos de ellos sin que se dieran cuenta en unos de esos paseos a escondidas que yo hacia hacia los limites del pueblo, aun cuando me tenían prohibido alejarme mas de dos casas a la derecha y a la izquierda de la que habitábamos.
Niña rebelde decian, rebelde en el sentido de no hacer  lo que decian,  no habia mas que busqueda,a escondidas, ya que es de esa manera en que los niños aprenden, los  años de nomadismo eran un refugio  en los sueños, comienzo de una búsqueda penitente  de objetos coleccionables, el recuerdo comienza con la caza de tesoros de variada índole, zoológicos, una naturalista apasionada de las formas, semillas de arboles desposeídas, ramas torturadas por el tiempo, plumajes caídos del nido, metales preciosos roídos por el aire, y cuando la fortuna era inmensa algun pequeño esqueleto blanquedo,pulido por el sol despiadado, todo perfeccionaba mi arsenal privado, allí conservaba, decantaba, ocultaba, descubría con sorpresas y placer. Los deslumbramientos que me tenia reservada la vida en aquel mundo  me daban la medida de mis logros, de los que era capaz a espaldas del mundo adulto.
Los adultos suelen perderse a menudo las acciones de sus niños, así que observadora desde temprana edad sabia que podia confiar en que ellos serian consecuentes con lo que yo había establecido sobre su comportamiento,que "eran descuidados".
 Si hubiera sido cierta la idea de mi abuela, de la cual mi abuelo reía de buena gana, desde que comence a vivir con ellos los indios me hubieran llevado, bien podia ser una de ellos por mi fisonomia, rasgos que aun conservo, incluso en la mirada de los otros, ya que en un retrato que me hizo mi pareja en la adolescencia parezco una verdadera indigena, y no pocos que venian a nuestra casa no hacian la observacion de lo obvio.
La verdad es que muchas veces leyendo historias de cautivas  he pensado que hay algo de romántico  en esos relatos, pero si me atengo al recuerdo aunque sea engañoso debo decir que yo nada de romántico veía en esos seres flacos  y desaliñados que venían a casa del abuelo, mas bien famélicos, con los ojos implorantes, grandes como los míos, con andrajosas ropas que les colgaban, los pies descalzos y callosos, esto era motivo de que a veces en invierno la abuela les daba mis zapatillas , no sin mis berrinches, y luego me iban a comprar otras.
Para mi la esencia de estas apariciones  era  la tristeza, el deseo de ayudarlos, de hablarles con amistad y mi abuelo cumplía con esos ítems. Lo que yo aun no era capaz de comprender por mi poca edad, es que estos seres que parecían infelices no lo eran ya que ellos contaban con la única mujer, que era paz de comprenderlos, guardar silencio, cobijarlos  y protegerlos, su amada tierra, de la que solo muertos saldrían.
Creo que desde ahora pensare en ese relato de Piglia como algo explicable y no como una recurrencia sin motivo, creo que la literatura tiene para  mi ese lugar de revelación de lo ya sabido, solo que oculto en el pasado no terminaba de salir a la luz.
©Cecilia Maidana

jueves, 14 de marzo de 2013

UN SUEÑO MEDIÁTICO



De golpe en mi encía, del lado de adentro, arriba para ser más precisos  en lo que queda de memoria, aparece una especie de montículo, inflamación roji-oscura, grano interno, suave, pulposo, sin punta alguna. Como  todo recuerdo da un salto, ha desaparecido la hinchazón, intrigada abro la boca y alcanzo a ver un agujero grande para una encía, tiemblo,  inaudito una sensación de angustia me impide mirar ese hueco,fosa oscura, nada sé  como se ha vaciado, me obligo con cierto siniestro sentimiento de perversión,  luz y  hueco se complementan, es perfecto, carnal,   borde sonrosado, la angustia produce  terror, nunca sentí  lo inenarrable.
Dentro del hueco -la curiosidad me atraganta- hay una cubierta blancuzca, infecto color del pus, pegada al fondo  urge que eso desaparezca  no hago nada  el miedo me  imposibilita.
 Quiero mostrarlo pero el asco ajeno no me lo permite, el asco invadiendo mis músculos, mi hija aparece impoluta, no se lo digo.
 ¡A nadie! puedo mostrarlo, debo hacer algo pienso.
 Surge un personaje mediático Ford Ricardo, ahora él  posee ese agujero, no soy yo , alivio, curiosa transposición, lo siento por él, me identifico, nada más de él.  
Luego yo sigo siendo la depositaria del agujero, ya no lo miro más,  la angustia se va dilatando y esfumando, digo "tengo que enjuagarme la boca  que asquerosa no lo hice antes  si me trago el pus me enfermare”.
Sin palabras todo está en mi mente, quiero tocar el agujero con la lengua y no me atrevo, lo hago, es suave su recorrido me aclara cuán grande es, me queda un agujero en el corazón, ¿es literal o real?, creo que real, me despierto con un esfuerzo, quiero despertar ya no más de ese sueño terrible, despierto,  corazón no duel-as, me pesa.

MI RIO




Solíamos ir  a mi  rio,el que me tocó en suerte por nacimiento, ese rio mitigaba en parte los actos demenciales, hundíamos nuestros pies en el barro caliente  semejante a una enorme vagina cálida y tersa que se abría sin resistencia a  nuestro paso, en el avance comienzo de la corriente de la vida, como un rito de iniciación nos zambullíamos en sus marrones aguas renovadas sin posesividad expandiendo la piel sudada , brillosa, erotizada por la naturaleza, caricia mineral en días aciagos.
 Un sin fín de sensaciones se activaban a su contacto, el agua penetraba  orificios y expulsaba el mal interior, sobrevenía una calma post-orgásmica y con el pelo tirante y mojado nos íbamos a tomar mates.

sábado, 2 de marzo de 2013

Diversidad  entre Buenos Aires y Santa Fe

Las tardes de domingo,
el color de sus calles el ritmo de los caminantes
la abundancia de edificios
La soledad en las siestas y la mirada se pierde en la lejanía.
el río marrón y el plateado
 corriente  marron  horizontal a lo largo de la costanera,
 plateada  arrojada sobre el parapeto de la costanera  semejante al mar sus olas golpean las defensas
En su fondo bailan su danza mecidos por la corriente como algas atrapadas entre piedras los seres que aun no se encuentran
 en el marrón el contínuo cauce disuelve el lmo y  deposita vegetación,
 corrompe los muros
 trayendo ignotos animales que la crecida arrastró de sus  origenes
su silencio
la lluvia motivo de festejo de tortas fritas
 el sol abrasador,
 la humedad constante que abraza como un cuerpo.
el color del cielo gris en uno 
celeste en otro
 el aroma de su gente a recien bañado
 el cabello mojado
 las remeras blancas impecables,
 la piel continuamente tostada.
el silencio de sus calles
 los amigos
 la continuidad de las visitas,
 las familias reunidas
 los asados del sabado
 el vino sin ínfulas
 la cerveza en los patios regados a la sombra al caer el sol
 el sentimiento de los partidos de futbol
 las estridencias de los perros
 los pájaros de la mañana
 la sombra de  los árboles
 los domingos en el rio
las calles solitarias
 la trasparencia del aire
 silencio, soledad, introspección.


Caras de una misma moneda.


lunes, 25 de febrero de 2013

HISTORIAS DE GALLINAS





De las historias que más me gustaron de niña está la de la abuela de mi amiga Mariela, un día en la escuela me  contó que su dulce abuelita  le cosía los ojos a sus gallinas. Me causó gran impresión y varió para siempre la imagen que tenía de la abuela.
 Pienso que  me producía tanto placer como horror el escuchar contármelas,  no pasaba un día sin que le preguntara algo sobre ese oscuro asunto de los ojos, le preguntaba sin descanso si las gallinas se resistían, si la picaban, buscando una rebeldía en esos pobres seres bobos e indefensos ante tamaño sadismo.
Debo decir que yo contaba con nueve años y el mundo de los adultos a veces podía ser aterrador, me imaginaba a la vieja con su rostro sonriente mientras mutilaba a los plumíferos. Le quitaba los ojos a las aves mientras que los de ella eran cada vez más extraños, no podía entender que mi amiga me lo contara como algo común.
La vieja se había pasado la  mitad de su vida trabajando para otros, lavando ropa para las familias de los vecinos pudientes. Había enviudado muy pronto, con una juventud exenta de recursos, debiendo ganar la vida para ella y los hijos que  en  el poco tiempo de casada le habían llegado uno tras otro. Con diferencias de un año entre cada uno, los críos le hacían la vida imposible a la madre, aunque ella no era una de esas  que se dejan manejar fácil, los llevaba con las riendas cortitas como decía ella. Sin embargo poseía esa cualidad de las mujeres conformes con su maternidad, nunca se quejaba, solo suspiraba sin saber uno muy bien porque era el suspiro. Los niños crecieron y  solía decir “he visto demasiado en mi vida”.
 Ella estaba unida a la cocina, cuando iba a lo de mi amiga la veía trajinar con las ollas, con el repasador en la mano me miraba con eso ojos negros brillantes que parecían haberse tragado la parte blanca y que yo imaginaba falsos. Pensaba que si salía de allí se volvería estatua, no me la imaginaba en otro lado, y la verdad es que nunca la recuerdo en otro espacio que no fuera el laboratorio como le decía ella a la cocina. Sin duda ese lugar era todo para ella, desde que no trabajaba más se había dedicado a cocinar. Los olores concentrados confundían los sentidos, a veces era el ruido y otras los colores, nada se asemejaba a la sensaciones que despertaba ese espacio. En las paredes había estanterías que parecían bibliotecas llenas de libros ajados, algunos parecían sucios de tanto toqueteo, como esos libros que se ven en las ferias de usados y que ella solía tener en sus manos muchas veces, mirándolos con una lupa pequeña de plástico sentada a la gran mesa de madera lavada, donde amasaba la pasta de  los domingos. Otros estantes estaban repletos de frascos llenos con cosas que no lograba distinguir, a veces tomaba uno de ellos y me lo daba con recomendaciones para mi madre. Luego en la cena mamá lo ponía en la mesa y me enteraba que eran verduras en escabeche, otras alitas de pollo en vinagre, o mamón en almíbar, y con cierta aprensión probaba aquello pensando en que quizás podía envenenarme.
No podía representarme a esa mujer como alguien bondadoso, pensaba en cómo debía sellar los ojos de mis amigos alados, seguro iba al corral que tenía en la parte de atrás de la casa,  la veía  con la aguja y el hilo sanguinolento en sus manos, cociendo los párpados suaves y delicados de las aves, sosteniéndolas con fuerzas por el cuello, así como sostenía a sus hijos varones que la seguían por la cocina tocándola y abrazándola, comiendo los dulces que ella les hacía.
 No pensaba en eso cuando estaba en su casa, la miraba sostener las cosas con sus manos, tenía esas manos que parecen tener vida por fuera de quien las porta, eran independientes, trasmitían una cadencia, no podía dejar de verlas, ella movía sus dedos como pinzas como si no tuvieran articulaciones.  No eran bruscos sus movimientos lo que producían era un sentimiento de vida propia, aquí las manos, allá la mujer distante de esa manos, quizás por eso no me resentí con ella cuando me enteré  lo que hacía con las gallinas.
En mi casa cuando conté lo  que hacía la abuela de mi amiga se horrorizaron todos, menos mi hermana que para perversa le faltaba una materia, ella odiaba las gallinas, es más creo que tenía una fobia muy loca con ellas, veía una y gritaba donde fuera.
 Como mi otra amiga que escuchaba la palabra víbora y salía corriendo por cuadras y sin parar, loca de miedo. Y detrás de ella iban su marido y los hijos.
 A mi hermana uno podía joderla en cualquier momento con eso, solo que me daba mucha lástima, algunas veces ella era malvada, y si se metía conmigo yo usaba  ese truco, le decía “gallina” y  se ponía a gritar, luego debía ir corriendo a esconderme porque mi madre me buscaba con la chancleta en la mano y eso era terrible para mi autoestima.
Papá tomaba el ejemplo de mamá para amedrentarme cuando osaba contestarle, pero difería el momento,  me llamaba a la hora de la siesta cuando se hallaba descansando o leyendo en su cama. Mi temprana  intuición me avisaba de que se trataba y  me quedaba en la puerta de la habitación, me negaba a entrar, lo que lo enojaba aún más, y exigiéndome que me acercara tomaba su chancleta y me daba un chirlo en la pierna, esto representaba una ofensa de la cual no me recuperaba por varios días, yo no sabía si era porque me castigaba o por que con mi padre era tan sumisa que me dolía.
Como sea la historia de las gallinas me preocupaba, un sentimiento oscuro me invadía a veces y no paraba de pensar en eso, en la escuela nos habían leído la historia de la gallina degollada de Horacio Quiroga y me había impresionado, todo lo que se relacionaba no disminuía el  interés ,espoleaba mi curiosidad, luego de noche escondida bajo las sabanas sospechaba peligros que no podía imaginar, mi madre comenzó a preocuparse por mi obsesión con el tema y me prohibió ir a lo de mi amiga.
Con el tiempo me enteré que la abuela estaba enferma y  M. desorientada no quería jugar, ni estudiar, me contó que no se sabía que tenía. La abuela de a poco se dejaba estar y no quería ni cocinar, ni hacer ninguna de las cosas que antes le gustaban. Mi amiga me dijo que desvariaba y que repetía “yo ya he visto demasiado”, sospechaban alguna enfermedad grave, luego dejó de ir al  colegio por varios días. 
Un día después preocupada corrí a su casa  para verla,  golpeé la puerta pero nadie venía a atenderme.  Vahos de calor subían desde el suelo de tierra, el olor de los paraisos dulzón y pegajoso invadía mi respiración mansamente como cuando mamá se perfumaba, no era la primera vez que iba y conocía las costumbres, entré por la puerta cancel que llevaba a la parte de atrás de la casa, una  especie de galería que se comunicaba con el patio trasero. No  me sentía tranquila al entrar pero pensé que no me habían escuchado, comencé a llamar a mi amiga mientras me acercaba a la galería, nadie   respondió a mi llamado,  llegué a la primera habitación que era un living con sillones de cuero, creo, y unos muebles oscuros con carpetas tejidas por la abuela de Mariela, me quedé pensando allí un momento quieta en aquel lugar como una intrusa, el aroma del cuero anulaba el tránsito anterior entre los árboles  -¿En donde estarían todos?-el silencio de la siesta me inquietaba, el sol era brillante y yo seguía pensando -¿espero o me voy?- sin atinar a caminar. 
Algunos sonidos de la parte trasera del patio se parecían a los de las gallinas cuando rezongan, que hacen un cloqueo suave.
Decidí sentarme en un banco de la galería, todo parecía irreal, el sopor me obligaba a quedarme quieta mirando reverberar la luz al ras de  la tierra, subía el calor como franjas transparentes disolviéndose en el aire, algo me retenía.
 Recordaba las historias contadas por mis tíos, hablaban de las siestas y  monstruos, "la solapa", "el hombre de la bolsa", decía que los chicos se escapaban de la cama para ir a jugar a escondidas de sus padres , el castigo era el encuentro con lo" innombrable", yo  no sentía miedo, solo curiosidad, nunca había creído en aquellas historias, inquieta  pensaba en la vieja, como estaría?, y  Mariela?.
Me levanté y comencé a vagar por el lugar, en otras oportunidades no había notado lo ordenado que estaba  todo,era de una austeridad extranjera, que yo no conocía, sin darme cuenta me había acercado al último cuarto de la galería  de donde provenía un rumor, como si alguien rezara, pegué mi oído a la puerta y sentí más claramente el ruido que ya no era idea mía,  no era un rumor sino semejante a un suspiro, toqué a la puerta para anunciar mi presencia, nadie acudió  ni respondió así que tantee el picaporte para abrirla , cedió rápido al empujón y dejó entrever una habitación oscura,  un haz de luz se proyectó en el piso, entré lentamente pensando en que quizás Mariela estaba acostada, creo que en ese momento no pensaba en nada, mis ojos acostumbrados cegados por  la luz exterior no veían con claridad. 
En la penumbra el haz de luz recortaba los objetos, el ropero, me sorprendí en la luna espejada, como un ladrón que sale de su fantasía, la ventana en la pared de enfrente  algo de luz dejaba pasar, sin embargo el olor fue lo primero que me llegó,  limpieza, colonia, respiración, me recordaba el tiempo en que mi abuela había vivido con nosotros, eso antes de que muriera, pero a mi me había quedado ese recuerdo muy fuerte y lo reconocía en otros lados, todo  sucedió en un instante, aunque al contarlo parece un tiempo muy largo.
 Choqué con la cama, detuvo la percepción melancólica, de golpe  parada a pasos de la puerta intuí  a la vieja  acostada, los brazos en cruz, el temor se apoderó de mis músculos por un instante, ante el deseo de huir avancé espoleada por una curiosidad malasana,  pude ver la figura de  ella estaba como dormida le dije -señora, soy yo, la amiga de Mariela-, ella no se movió, pero dejó salir un suspiro de su boca , debo decir que algo no estaba bien, intrigada me acerqué más solo así pude ver aquello, en una de sus manos la abuela sostenía la madeja de hilo , la aguja  había caído al costado, un hilito de sangre corría por sus mejillas y yo sin entender bien corrí fuera del lugar.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Entrevista con Javier Villafañe


Entrevista con Brascó


Sangrar sin dolor


Despierta mujer dormida en las profundidades del dios narcótico en las oscuras noches de barrios bajos
en los bellos poemas de hombres enamorados
en las ensoñaciones de jóvenes confusos
en la vigilia de hombres sin deseo
en las camas de mortales exaltados sin conciencias
en los ríos profundos de la imaginación del poeta
en las sombrías noches del infante
en el borde del suicida
en las calles de las pasiones
en aventuras perdidas
en las voces de los que te odian  aman
en las torturas del amante
en la sangre de tus rios
en la soledad del hogar en la luz que brilla como promesa
en el no entedimiento de tu sexo
en los jugos dedicados a tu especie
en las pulsaciones de un pene moribundo
en el violentado esclavo amor
en los días bienaventurados sin continuidad
en la prodigiosa benevolencia masculina
en la buena fe
en los depósitos de cadáveres nunca vistos
en el horror de la descendencia
en la carne abierta y caliente
en el perdón que te espera al borde del camino
en la mordida yugular sin sangre
en el parejo- desparejo deseo
en cada una de las palabras del pasado
en los bien pensantes y mal actuantes
en el disfraz de dios
en la boca mal oliente de los burdeles
en el espacio sin pertenencia y eterna conquista
en tu mirada impávida frente al asesino
en  el fetiche que te representa
en los vuelos de la muerte
en la muerte perfecta pequeña buscada en tu sexo
en el constante vaivén del sexo
en el carrusel de la maternidad
en cuantos planes subvierten la mente de los hombres
en subyugantes e inmemoriales historias fraguadas por ellos para amarte
en  la subversiva idea de poseerte
en las altas inquisiciones de tus practicas
en la dulce y bella representación de la mujer dormida
en tus sueños inconmovibles
en la lista infinita que une imaginación con palabras
despierta
allí donde tu te ves ellos no acceden
Si pretendes ignorar que
en las noches de soledad te tocan te desean te chupan te muelen a palos te manosea te violan te aman y te dejan te abrazan con temor te hablan y no los escuchas te manipulan y no dejan rastros te tienen en un cofre te pagan para no sentir y tu  conscientes te añoran te idolatran te miran dormida y sacan sangre de tu pecho
te engañas mujer
Aunque al alba no veas la ínfima macha.
 C.M.

lunes, 18 de febrero de 2013

Cuentos Brevísimos




Abandonaba todo en su vida. Había comenzado con sus padres, sus hermanos, le siguieron los estudios . Mas tarde sus amantes y también el sexo. Un día leyó' "Caperucita  Roja"  y quiso ser la abuelita.