De golpe en mi encía, del lado de adentro, arriba para ser
más precisos en lo que queda de memoria,
aparece una especie de montículo, inflamación roji-oscura, grano interno,
suave, pulposo, sin punta alguna. Como todo recuerdo da un salto, ha desaparecido
la hinchazón, intrigada abro la boca y alcanzo a ver un agujero grande para una
encía, tiemblo, inaudito una sensación
de angustia me impide mirar ese hueco,fosa oscura, nada sé como se ha vaciado, me obligo con cierto
siniestro sentimiento de perversión, luz
y hueco se complementan, es perfecto,
carnal, borde sonrosado, la angustia produce terror, nunca sentí lo inenarrable.
Dentro del hueco -la curiosidad me atraganta- hay una cubierta
blancuzca, infecto color del pus, pegada al fondo urge que eso desaparezca no hago nada
el miedo me imposibilita.
Quiero mostrarlo pero
el asco ajeno no me lo permite, el asco invadiendo mis músculos, mi hija aparece
impoluta, no se lo digo.
¡A nadie! puedo
mostrarlo, debo hacer algo pienso.
Surge un personaje mediático Ford Ricardo, ahora
él posee ese agujero, no soy yo ,
alivio, curiosa transposición, lo siento por él, me identifico, nada más de él.
Luego yo sigo siendo la depositaria del agujero, ya no lo miro
más, la angustia se va dilatando y
esfumando, digo "tengo que enjuagarme la boca que asquerosa no lo hice antes si me trago el pus me enfermare”.
Sin palabras todo está en mi mente, quiero tocar el agujero
con la lengua y no me atrevo, lo hago, es suave su recorrido me aclara cuán
grande es, me queda un agujero en el corazón, ¿es literal o real?, creo que
real, me despierto con un esfuerzo, quiero despertar ya no más de ese sueño
terrible, despierto, corazón no duel-as,
me pesa.