En la mañana del dia despues sin abrir los ojos escuche el canto triste y
misterioso del pájaro que todas las mañanas del pasado había escuchado,
solo que esta vez no había naturalidad en su canto , intensificaba la
tristeza que habitaba mi alma, hechos de puro olvido.
Afuera reflejada en
la pared la luz del sol incitaba a la vida, no ganas de salir, pero
sentía la luz como promoviendo la vida, recordé el sentimiento de horror
que producía a mi padre moribundo esa luz que provenía de la ventana
de su habitación, no dejaba que la abriéramos y ventiláramos y
dejáramos salir la sombra oscura de la noche en vela durante su
enfermedad, se oponía enojado a esa intromisión de la vida.
A veces siento lo mismo ante la luz, tan invasora, irrespetuosa,
indomeñable ante nuestros intentos de apagarla, se cuela por doquier
como el agua, como el aire, es necesario entender que muchas veces no
podemos con el Carpe Diem que manda la certeza de los espíritus lucidos,
a veces somos ciegos, sordos. Y necios ante la brillantez de a vida, no
logra seducirnos con su oropel y promesas y suspendemos por un rato
nuestras convicciones, a veces nos perdemos a nosotros mismos a medida
que irreversible el tiempo nos enfrenta con perdidas y alegrías, y no
siempre accedemos al entendimiento de la complejidad de estas
situaciones y no podemos apropiarnos de ellas para crecer.