"Desespero al elegir una palabra,las demás se me ofrecen como putas."
jueves, 22 de mayo de 2014
DE UNIVERSOS BRUTALES
“Un corazón roto de amor”
El sonido de la maquina sonaba rítmicamente tratar trtr, trtrtr, trtrtr, trtrtr, el pie apoyaba rítmicamente, podía imaginar la cabeza de ella moviéndose rítmicamente, trataba de seguir durmiendo ensoñando, pensaba desde el otro lado de la conciencia en un sentimiento larval si quería despertarme o si seguía con el sueño que me había gustado, me había sentido cómoda: una fiesta de amigos sin rostros solo imaginados o intuidos, alegría, flashes de momentos pero nada de certezas, nada de realidad frustrante, inventos, inventos.
En el otro cuarto seguía el ruido que empezaba a confundirse con otros de la mañana, las gallinitas cloqueaban quejándose de los otros animales que las molestaban, el gato de mi tía ( igual que ella) siempre persiguiendo a otros, el silbido del abuelo mientras arreglaba algo, el sonido del viento entre las plantas, los pájaros mañaneros que solo cantaban a esa hora, los teros, un universo de criaturas que amaba.
Y volvía la conciencia a su estado real, comenzaban las tribulaciones, el día soleado, las obligaciones escolares, soportar a los adultos ordenando aquí y allá, por suerte había descubierto una actividad que me ponía a resguardo, y conseguía hacer mis fechorías en paz.
En la casa cajas llenas de objetos de mi abuela se juntaban aquí y allá, creo que de ella desarrolle la tendencia a hacer acopio de lo que me gusta (por desgracia son muchas las cosas que me gustan). Me ofrecí seleccionar y catalogar, o a espiar con permiso lo que ella coleccionaba en esas cajas, ya que nunca encontraba nada de lo que pensaba que tenía debido a su desorden, con reservas acepto la idea y yo me vi de pronto libre de ataduras familiares, mi labor era importante.
No tenía idea de lo que había sido capaz de juntar, era un increíble mundo de objetos emocionantes, todos aquellos recuerdos como les llamaba ella estaban impecables, dudaba de si habían sido usados, la vista de aquel tesoro despertaba implicaciones insospechadas sobre la vida de la mujer, desde ellos pensaba que yo no conocía a mi abuela, “ella era otra” y no esa cotidiana rezongona que conocía. Su vida no era lo aburrido que yo veía sino algo mágico una especie de doble a la cual deseaba conocer y me transportara a su mundo oculto, un mundo encantado como yo había pensado de su jardín, vislumbraba una puerta secreta por donde entrar en ese mundo privado y yo debía descubrirla. No sería tarea fácil era esquiva a mis conversaciones, rápido me expulsaba sin pena, pero antes yo ofendida me iba, ahora sería tenaz y forzaría sus secretos.
Uno de los objetos encontrados era un corazón roto, era de metal y parecía haber sido aplastado con un martillo gigante, había quedado achatado en el colmo de una furiosa acción, acaso había sufrido esa anciana un desengaño de amor?, incapaz de saber nada entretejía recuerdos de historias que había escuchado como al descuido cuando los grandes hablaban de ella, pero nada se parecía a un corazón roto de amor, lo que si sabía era que el abuelo no tendría nada que ver con aquello.
Había secretos por todos lados que acicateaban mi curiosidad, descubría que mi abuela podía ser como una cordillera: de un lado podía verse la luz de lo conocido y lo habitual, del otro las sombras y lo imaginado.
El reino de lo oculto me fascinaba no podía disimular ante las cosas oscuras y extrañas que la vida propiciaba, una vez un amigo de la familia había traído de un viaje a Inglaterra un manto oscuro y pesado diciendo que había sido de una princesa de la India que había cometido suicidio, nada entendía de aquello pero sonaba a mundos a los que no accedería nunca, me enfrentaba con el misterio.
Los perros de la locura me acechaban, si no me encontraba con alguna pista podía imaginar cualquier cosa, buscaba y ordenaba la vida de otros sin saber que ordenaba la mía y mi arrebato era tal que el silencio fue ganando mis días y empecé a escribir ordenando aquel caos ateo, no dudo que ese fue un momento fundacional de una práctica que absorbería mi vida. Hacia largas listas y las rehacía ,las ordenar cambiando las disposiciones, por abecedario, por tipos, o por pertenencias, por similitudes, por preferencias, por la ansiedad voraz de la mirada, un esquema tentativo de ese desarrollo seria:
Caja 1 : una cabeza de muñeca de porcelana que ya no tendrá cuerpo, ojos de vidrio celestes mirando la locura, un mechón de pelo Rubio como la miel con un cordel de seda y plumas de cristal, una esquela del color perdido en el tiempo con un beso rosado estampado , un puñal manchado.
Caja 2: una cinta de terciopelo ajada por las manos de un amante, figuritas pequeñas amorosamente recortadas con bordes ondeados, una foto con dos personas una de ellas con el rostro rayado, un collar de perlas desperladas, un alfiler de corbata , una gota de sangre en un pañuelo .
Caja 3: pipas, paquetes de figuritas con brillo, papeles con fórmulas y figuras extrañas, pétalos de rosas, pata de conejo, pinturas, papagayos azules, piratas recortados, peinetas de carey , pendientes de alas de mariposas.
Caja 4 : el corazón destrozado , puntillas exquisitas, cajitas de cristal , esferas de vidrio trasparente y un sol atrapado en ellas, cartas con un lazo, flores secas que huelen frescas, cajita de música mínima, Una ballerina y un soldadito de plomo, un dado atroz.
Podría seguir pero me pregunto si llegue a descubrir algo más oculto que lo humano. Quizás conseguí vislumbrar que el tiempo es ficción y que entre esas cajas y mi vida no había diferencia, pero eso seguramente se me revelo más adelante, cuando comprendí que me encerré en la escritura como ellos en la infancia me encerraban en esos mundos fantásticos para tenerme quieta.
C.M ,2014