Para encontrar un tesoro vivo bastaba con levantar las piedras del
jardín, había descubierto un mundo maravilloso compuesto por miles de
pies, antenas, bigotes aserrados, bolitas que cambiaban de forma al
posar mis dedos en ellas, sonidos que al ser escuchados producían en mi estómago deseos dulces.
Los dias eran como los del mago inventando
efectos especiales de los que luego alardearía frente a todos, nada por aquí, nada por allá y el milagro de la vida oculta a los ojos
de los infieles se revelaba frente a la incredulidad. Quien creara ese
universo merecía todo mi reconocimiento y mi pasión.
Tardé en entender
que nada de aquello debía ser guardado en una caja, o en una sublime coleeción, en su lugar puse
palabras que los describieran y aunque el jardín desapareció de mi vida
puedo volver a ellos cada vez que quiero.
Mayo 2014