"Desespero al elegir una palabra,las demás se me ofrecen como putas."
jueves, 22 de mayo de 2014
DE UNIVERSOS BRUTALES
Los dedos gravitaban en un molde apoyado en la ventana, la inexplicable beatitud de esos dedos me hacían pensar en los de Jesucristo cuando levanta su mano en señal de bendición, solía verlo en las estampitas que pululaban en la casa de mi infancia. Eran de todos los colores y formatos, el amor competía con el lujo y a veces eran verdaderos mamarrachos.
Con bordes dorados o filigranas arabescas (así pienso yo esas filigranas finísimas que no respondían a nada conocido) con papel liso o como si fueran de tela, brillosas u opacas, con imágenes de vírgenes, santos, angelitos, Jesús y miles de personajes que bajaban de una celestial corte, todas eran guardadas escrupulosamente.Yo escamoteaba las que me gustaban , para mi no eran sagradas como decían sino mágicas en su proliferación barroca, las coleccionaba en una carterita que ocultaba debajo del colchon, el abuelo sabía pero no delataba a su mas cercana delincuente.
El y yo éramos un tema, nos escondíamos a comer chocolates maravillosos que traía solapadamente y disfrutábamos tanto romper las reglas como esos papeles dorados o plateados que los recubrían. "Prohibido ser goloso" imponían las reglas en el hogar, díscola y solo por romperlas, me perdía, eran mi extravío.
Los dedos estaban allí, descansaban beatíficos y yo los vigilaba con maligna intención, ella sabía que merodeaba la cocina pero nada decía. Cual gata ladina ajustaba las ideas de ¡como apropiarme de aquellos tesoros tentadores!. Pero quien tenía la culpa de aquello sino mi abuela que en vez de explicarme ponía ese tesoro a mi alcance.
Pensaba en la fronda de mi mente que si la gente deja tesoros al alcance de la mano de un niño es porque quiere que éste los tome y eso hacía yo sin culpas.
Como aquella torta "conejo" que la vecina puso en la mesa del living por donde debía pasar,¡ era milimétricamente seguro que le metería el dedo para probar aquella crema espumosa ! y así hubiera ocurrido si la desconfiada no me hubiera vigilado cuando me iba, huí arrebatada ocultando mi pecado y no volví a aquella casa aunque me invitaron muchas veces mas, aprendí que las trampas de los adultos no los hacían merecedores de mi encanto, que se quedaran solos con sus tortas.
Nunca pude evadir los dedos de mi abuela, eran mágicos, yo anhelaba el dia que ella terminaba su hacer y escudriñaba como al descuido. Una inquietud se adueñaba de mi y se obnubilaba mi sagacidad, el pecado me acechaba sin saber de eso, era tan evidente que daba vergüenza, creo que de eso se anoticiaba ella aunque yo creyera que lo ignoraba.
Tarde en la noche como un perrito apaleado me acercaba a ella y buscaba su cariño. Como un hada aparecía desde la cocina , y en sus manos sus dedos de chocolate, benditos como los de Jesús venían a mi, en un recipiente que hoy llamo" el molde del deseo" .
C.M. 2014