Y ahí estaba Luis cuando entré, en la mesa, pieza por pieza, me asombró lo largo que era, organizado con la precisión de quien conoce su oficio. Lo observé y traté de recordar su rostro, visto en tantas fotografías, ver si había correspondencia con lo que allí observaba. Rellené sin prisa cada hueso de su cara, vi que a su mano derecha le faltaban dos falanges y a la izquierda una, los ángulos de su rostro, su sonrisa congelada.
En el fémur una hendidura hecha por un instrumento poderoso, sería la porción de su cuerpo que diría los amaneceres y los ocasos que hubieron transcurrido, contabilizaría el tiempo de su no estar para mí. Estábamos solos y nos hablamos en silencio, la eternidad congelada en el "ahora".
Increíble la memoria visual, la imagen sobreviviendo al objeto, el instante me presentó la foto que le sacaron al Che cuando lo mataron, puesto sobre esa mesa inmunda, con los brazos a los costados, la cabeza sobre el pecho,la mirada vacía.
No es que lo compare con él, o tal vez sí pienso en él como un héroe. Pero creo que es solo la imagen, la posición sobre la mesa, esta vez de metal, donde forenses y antropólogos investigan.
En él, carne, piel, uñas, ojos ya no hablan. Pero los huesos, ¡es increíble todo lo que compendian de la existencia, lo que pueden decir sobre su vida!, la de antes, cuando era un niño, la de después cuando fue adolescente, la del final que desemboca en un puerto común: su muerte cuando recibió los balazos que le quitaron la vida.
La forense me refirió sobre las marcas, esas que quedan como registro de una práctica o de una quebradura, “la memoria de nuestros huesos”.Es así como investigan y me preguntaron si él practicaba tenis o algo, porque en su brazo derecho había como cortes producido por los ligamentos.
Y yo no supe decirle, como decirle que lo conocí poco, que no compartí casi nada con él, que por fin estaba ante él , ancla en el puerto de las incertidumbres.
Si me preguntas no sé qué decirte sobre lo que sentí, creo que yo ya esperaba esto, fue curiosa mi reacción. La forense impresionada por como yo me porté, me lo dijo, ella temía otra cosa, se veía, estaba preocupada por mi reacción, acostumbradas a que los sentimientos nos traicionen. Pero a mí no, no sé si en algún momento me va a caer la ficha, por ahora siento alivio, y aún espero que me lo den, el juez decide cuando, aún debo esperar más, no parece ser suficiente .
Ahora solo puedo decirte que una vez que esté conmigo será para siempre, y voy a mostrarlo sabes?, lo voy a armar como la forense lo hizo para mi, para que todos mis amigos que quieran verlo lo hagan y puedan despedirse de él como corresponde, luego …
Quizás el azar haga su trabajo, no lo sé y tampoco me detengo mucho a pensar, pero te digo que todo se dio como para que las cosas sean de una manera increíble. Hace un año murió la abuela, su madre, y se cerró un tramo de mi historia. Antes le había tocado al tío, hace muchos años, y después al abuelo. Ahora apareció él y se cierra, o se abre, yo lo veo como que abre a otras cosas, no sé, pero quiero que sea así.
Cuando digo se cerró es porque que pienso ponerlos a todos juntos, juntos para siempre, unidos, ya los hombres no podrán hacer nada para separarlos.
La gente no me cree que me siento tranquilo que no siento bronca, que pienso en que abre a cosas impensadas por mí, creen en sus propios sentimientos, y me dicen que esta falsa calma es una postura.
La verdad es que mi historia es una larga deriva,” nuestra historia”, por que en esto me siento acompañado por muchos. Pudo haber sido peor y estar llenos de odio, pero no. Aprendo la historia de ellos, cada persona que aparece en mi vida, cada palabra dicha, cada objeto de mis padres que rescatan para mí me enseña cómo fueron, sabes chabón que pienso cuando me hablan de ellos, siento orgullo, me lleno de orgullo, y me digo ¡qué huevos tuvieron mis viejo!. y luego que el pasado no es algo para vivir en él; sinó un pozo de conclusiones al que recurrimos para actuar.
C.M