Me ha quedado la imagen de mi padre como alguien que llevaba en si una inquietante negación del mundo, había en él un soplo de destrucción que pasó desapercibido para la gente que lo rodeaba, pensaban que solo era un hombre hosco y lo dejaban en paz, aunque me atrevo a decir que lo temían. Creó un personaje con la intención de que viviera una vida, pero no lo hizo, se cansó antes de llegar a alguna meta, supo engañar a muchos.
El manifestaba en pocas oportunidades en que se dignaba a hablar, un horror a las palabras de más. No soportaba a los que se divertían hablando, callaba frente a personas de ese tipo y parecía ausente.
Se diría que sentía verguenza ajena ante los desbordes orales.
El uso decorativo de las palabras lo hacía sentir repugnancia y aunque alguna vez dijo "odio las personas irónicas", él solía serlo con aquellas que despertaban su rechazo. Le era difícil exponer sus ideas y estas se resumían en un compendio de fragmentos, de frases, de bocetos y de planes inconclusos.
Creo que una pulsión negativa dominaba su vida, y solía desplegarla puertas adentro de su habitación, aunque si puedo ser sincera diría en el cobijo de su cama.
Se aislaba de la familia en su habitación, que era sagrada y oscura, me hacía pensar en esos lugares de culto no permitidos a todos, había conocido la misma sensación durante mi infancia transcurrida en un colegio religioso.
A veces con la luz encendida él leía y nadie se atrevía a molestarlo con nimiedades, solo se lo importunaba con cosas muy serias y de difícil solución. Entonces él se levantaba, tomaba mates en la cocina, con su mate y bombilla que nadie usaba, su pava pequeña, en la más absoluta soledad acompañada, pués en nuestra casa siempre había mucha gente que rondaba con las más inquietantes tareas o planteos, pero nunca llegaban a él, luego solucionaba el problema planteado y volvía a su guarida.
Mi padre hizo de su vida una decisión del "NO" a lo que lo rodeaba, nada le interesaba, sabía que el silencio y aislarse era mejor que compartir con el otro invasivo . De ese silencio nos nutríamos todos y sacábamos los más disímiles provechos, algunos para hacer lo que se les daba en gana, otros para pelear con argumentos irrebatibles, otros para rajar de la casa, él nada decía, pero todos se enteraban de su silencio y este pesaba más que todos los castigos.
Como una masa levando la decisión del NO creció, envolvió su figura, velando su interior a los que lo queríamos y solo pensábamos en protegerlo, su ausencia se sintió como presencia en carne viva y vimos como lentamente dejaba atrás la vida, abrazaba la ausencia y se alejaba .
Nada hicimos para retenerlo, lo observábamos irse lentamente, dibujándolo en blancos papeles que aún conservo,no alcanzamos a darle forma completa, solo el rostro del ser que soñamos perfecto.
Creo que mi padre nunca nació, practicó una estética del desconcierto, que fué fugáz visión que nos fué dada y todos amamos, no hay reproches, no hubo dolor, como si siempre hubiera estado en otro lugar, lo despedimos y su silencio de años nos dejó la convicción de la vanidad de toda empresa, la vanidad de la vida misma.