"Desespero al elegir una palabra,las demás se me ofrecen como putas."
domingo, 6 de julio de 2014
DE UNIVERSOS BRUTALES
Piel de Angora
La cara de ella era toda suavidad, blanca como la pelusa de angora, si uno la besaba olía a caramelos de vainilla o tal vez a trampa. Todos, creo, entrábamos en esa trampa solapada de chocolates, café con leche y tortas fritas. Otro olor era a humo, provenia del brasero en un rincón del patio, hacia arriba una columna negra pintaba la pared, allí cocinaba aunque poseía una cocina normal como cualquier persona ella se agachaba, resoplaba y soplaba sobre el carbon encendido.
Sus ojos eran una incógnita para mi corta edad; brillaban , eran negros e insondables, me sumergía en ellos pero ni bien pisar el umbral recibía el recchazo, no había cabida en ellos.
Mañanas incontables era enviada a su casa, aun no he descubierto el porque, quizás era un intento para que nos amara, pero había otras cosas en su corazón y no era el amor.
La casa era gigante,con varias habitaciones, patios y secretos, ocasionalmente todo podía ser simple, pero siempre persistía en mi la inquietud de lo forzado, acaso no era mi lugar y lo sabia.
La habitación de ella era casi prohibida pocas veces pude atravesar la puerta, cuando lo hube logrado finos hilos surcaban cortando el aire ,cortando el desplazamiento, en su mesa de luz los cisnes reposaban en cajas de finos polvos de colores rosados ,por lo demás una dureza , una ausencia de objetos incitaban al olvido.
Prefería estar en el patio donde un granado me seducía y tomaba de sus colgajos unas granadas galaxias veteadas de mil puntitos de colores,brillante y de piel lisa, y una corona de reina por donde introducía un dedo y la partía en dos, violando su intimidad y sin embargo no podía sustraerme a la voluptuosa sensación de penetrarla.
Se abría a mi fuerza la ternura de su carne, se volcaba en la violencia del acto, los granos rojos saltaban de sus celdas blancas, con presteza apoyaba mi boca en esas pequeñas heridas oscuras y absorbía con la lengua esos diamantes rojos blandos de sangre que estallaban en mi paladar, ahíta de sabores, con las manos sangrantes apretaba lo que quedaba de forma y lo volvía un amasijo informe de cascara, pulpa y leche rosada. Como un primer amor la fruta había despertado el deseo infinito, en lo sucesivo solo alucinaría ese primer encuentro.
Ella entendía y me dejaba tranquila abusar del árbol que me había adoptado, limpiaba mis manos pegajosas y calientes, el rostro transformado en mascara y me invitaba a irme saciada y feliz.
No había otras plantas en su casa, ella había sufrido y ya no deseaba amar nada que pudiera desaparecer o perderse. A veces como un milagro la veía sonreír y los pómulos saltaban hacia arriba felices de que los ocupara y les imprimiera movimiento. En su cara se había instalado la quietud, practicaba la paciencia gestual, se ausentaba la sonrisa y el gesto pétreo ocupaba su lugar.
Aun así fuimos artífices de momentos entre ella y yo, algunas veces podía ser graciosa sin gracia, sus palabras no eran rebuscadas, era hija de la pobreza y las voces de sus ancestros poco le habían legado. Sencilla, a veces vulgar o dura, sin eufemismos , no le correspondía cambiar su herencia, repetía lo aprendido con una fe enternecedora.
Ajenos a sus sueños, ni Alicia en el país de las maravillas, ni Mil leguas de viaje submarino, su vida era un barco sin piloto que fuera al azar de las olas, hasta alcanzar un puerto seguro .
No se puede no llegar a ningun lado y ella espero paciente. Muertes y bodas se sucedieron, partos y crías. Construyó con restos de un naufragio un lugar donde habitar y aunque ya no estuvo sola partía de tanto en tanto como poseída por su rio interior.
Así la conocí y ella a mí, tengo fe en que de algún modo nos gustamos, pero era demasiado tarde para ella y demasiado temprano para mi, lo demás es vida.
C.M.
Junio 2014